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domingo, 1 de marzo de 2009

٤tudiğru Ḳene

٤regga tsą lip pa zʘbą.
٤tudiğru ḳene.
ڵenʘimi pepe są pʘt vuj ippi
thu he qui mi iu ten hʘgete.
Ṭhe tʘitʘ fe cherui xeeri
the ḳącą iʘyrą ąseąr.
Ḽuch zʘ cą ten ḳąmʘ edą ei
Шʘką mąrą ʘʘḳą ippi dʘrʘ
Ṉerʘ chi bąąb ʘrute deryes
ąesʘʘsu zʘ cą iali ḳumnye.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Ni náca’ ne ni reedasilú naa

Ni náca’ ne ni reedasilú naa

Ti mani’ nasisi napa xhiaa ne riguite.
Ti ngueengue rui’ diidxa’ ne riabirí guidiladi,
naca’ ti badudxaapa’ huiini’ biruche dxiña cana gutoo ne qui nindisa ni
ti dxita bere yaase’ riza guidilade’ ne rucuaani naa.
Rucaa xiee ti yoo beñe zuba cue’ lidxe’,
naca’ layú ne guirá lidxi.
Ti bandá’ gudindenecabe,
ti miati’ nalase’ zuguaa chaahui’galaa gui’xhi’ ró.
Ti bacuxu’ sti nisa, sti yaga guie’, cadi sti binni.
Naca’ tini bi’na’ Xabizende.
Naca’ ti bereleele bitixhie’cabe diidxa’ gulené.


Lo que soy, lo que recuerdo

Una libertad que retoza y no se ha hecho fea.
La sensibilidad de un loro que habla,
soy la niña que se le caen las cocadas y no las levanta,
un huevo de gallina negra me recorre y despierta.
Soy una nariz que huele el adobe de la casa de enfrente
un patio y todas sus casas.
Una fotografía regañada,
un trazo delgado en medio de la selva.
Una flor para el agua, para otras flores y no de las personas.
Soy una resina que lloró San Vicente.
Soy un alcaraván que ahogó su canto en otro idioma.

(Natalia Toledo)

lunes, 27 de octubre de 2008

Coyolxauhqui

Coyolxauhqui era la diosa de la Luna de acuerdo con la mitología Azteca. Su nombre significa "campanas doradas." Ella era la hija de la diosa de la Tierra, Coatlicue y la hermana del dios del sol, Huitzilopochtli.
Coyolxauhqui animó a sus cuatrocientos hermanos y hermanas a matar a su madre deshonrada. Coatlicue dió a luz a Huitzilopochtli
cuando una bola de plumas cayó en el templo donde estaba barriendo y la tocó. Huitzilopochtli salió desde adentro de su madre como un adulto y completamente armado y la salvó.
Coatlicue lamentaba tanta violencia. Entonces, Huitzilopochtli le cortó la cabeza a Coyolxauhqui y la tiró al cielo donde se convirtió en la Luna.

sábado, 13 de septiembre de 2008

Achipahuanotlacaqui

Terminada la Guerra de los 400 años, la tierra volvió a ser lo que era. Igual, pero distinta. Atrás quedaron las millones de toneladas de metal oxidado de tanques, naves de combate, platillos voladores y artillería láser. Todas las construcciones se derrumbaron y se volvieron a construir. Los seres humanos nos convertimos en polvo, y del polvo volvimos a nacer.
Las naciones que vieron auges y decadencias ya no existían. Las predicciones mayas jamás ocurrieron.

Pero el deseo por la figura femenina, el erotismo, y los pensamientos cochambrosos volvieron a integrarse a la conciencia humana. Ya no en la forma que alguna vez conocimos, sino en formas nuevas, metamorfoseadas, extrañas...

Y nuevas razas surgieron de esos extraños seres, hasta lo que hoy conocemos...